Mi residencia artística en España fue un verdadero renacer, una oportunidad que llegó a mi vida gracias al Centro Cultural de España en Costa Rica y La Neomudejar en España. La felicidad que sentí al recibir la noticia fue indescriptible.
Durante dos meses, viví una experiencia transformadora con dos exposiciones memorables: una en la Fundación Antonio Pérez, en el hermoso pueblo de Huete, y otra en Kárstica, un espacio mágico enclavado entre montañas majestuosas, castillos que susurran historias antiguas, venados que aparecen entre la niebla, ovejas que caminan apacibles por los campos y gente increíblemente cálida y generosa.
Este tiempo fue como rebobinarme, como sumergirme en un universo paralelo donde mi arte y mi esencia encontraron un nuevo significado. Fue, sin duda, lo mejor que le ha pasado a mi carrera, y mi agradecimiento eterno va para Iris, Ricardo, Néstor y Fran, quienes hicieron posible esta maravillosa experiencia.
En España, realicé mi primera pintura en formato grande, un reto que me llenó de emoción y orgullo. También viví la inolvidable aventura de ir a la montaña en busca de arcilla, una tarea ardua pero profundamente gratificante. Con la invaluable ayuda de André, recorrí senderos, colé la arcilla y trabajé incansablemente hasta lograr obtener paquetes de una arcilla bellísima, lista para transformarse en arte.
Todo este proceso fue un aprendizaje inmenso, no solo en técnica, sino en la conexión profunda con la tierra y el material, que ahora forma parte de mí y de mi obra.
Agradezco a todos los que fueron parte de esta experiencia, porque más allá del arte, fue un viaje de autodescubrimiento, de entrega y de crecimiento personal y profesional.
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