Esta obra pretende subvertir estas asociaciones y resaltar la dignidad y sacralidad de todos los cuerpos.
Este proyecto se basa en la re interpretación de la imagen de la Virgen de los Dolores, tradición religiosa que tiene su origen en los sufrimientos y dolores que la Virgen María experimentó durante la vida de Jesús. Se presenta con un corazón apuñalado representando esos dolores, que María iba a sufrir por acompañar la misión redentora de su Hijo.
Esos dolores lo reinterpreto como los estigmas que han rodeado y señalado mi cuerpo, nuestros cuerpos desde niña, una figura bíblica representada por una mujer obesa que en lugar de un corazón carga la balanza del peso de su cuerpo apuñalado por lo que lo han señalado
“La mirada ajena”
“Mi propia mirada”
“Mi cuerpo gordo”
“Mi familia”
“los cuestionamientos que surgen alrededor de los cuerpos”
La religión, especialmente a través del arte sacro, ha tenido una influencia significativa en la percepción del cuerpo humano y los estándares de belleza. A lo largo de la historia, la representación de figuras sagradas, incluidas las imágenes de la Virgen María, ha reflejado los ideales de belleza predominantes en las sociedades en las que se crearon. Esto ha contribuido a perpetuar estereotipos sobre los cuerpos, donde la delgadez y la blancura se asocian con la virtud y la divinidad, mientras que la diversidad corporal, incluyendo la gordura, ha sido históricamente invisibilizada o incluso demonizada.
Estas representaciones han reforzado ideas sobre cómo deben verse y comportarse las mujeres, priorizando ciertos atributos físicos y morales.
La Virgen María ha sido representada tradicionalmente como una mujer joven, delgada, de tez blanca y con rasgos europeos en gran parte del arte occidental.
Este retrato ha sido influenciado por los ideales de belleza de las épocas y culturas donde se realizaron las obras, así como por la noción de pureza y santidad, que a menudo se asocian con características como la piel clara y una apariencia delgada. Estas representaciones no solo reflejan los estándares de belleza sino también los ideales de pureza, inocencia y perfección espiritual que se esperaban de la figura de la Virgen María.
Cuando soy consciente de mi gordura, no puede usarse en mi contra.
Cuando menciono lo que me ataca pierde fuerza su intensión. Nos avergonzamos de nuestro cuerpo. Los otros se molestan con el. En el mundo actual, la relación entre el individuo y su cuerpo se ha convertido en un tema complejo y cargado de significado.
En nuestra sociedad, existe una presión constante para cumplir con ciertos estándares de belleza. Nos avergonzamos de nuestros cuerpos cuando no encajamos en esos moldes preestablecidos. Este fenómeno tiene raíces profundas en aspectos culturales, sociales, religiosos, en nuestro entorno más cercano, generando un conflicto interno en nuestra percepción de nosotros mismos.
Mirarse y ser mirada
La sociedad contemporánea enfrenta una presión constante para ajustarse a ciertos estándares de belleza.
los cuales anulan la diversidad, la inclusión y promueven una estandarización de los cuerpos para ser aceptados. Esta presión se refleja en cómo nos percibimos y cómo los demás nos perciben, generando vergüenza y rechazo hacia nuestros propios cuerpos.
Históricamente, las instituciones religiosas han contribuido a esta dinámica al asociar el cuerpo con el pecado. En particular, el pecado de la gula ha sido vinculado con el exceso de peso, perpetuando una visión negativa de los cuerpos gordos.
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